Recibimos briefs de todo tipo. Algunos llegan con detalle exhaustivo, otros caben en un párrafo. Algunos vienen de equipos de marketing que llevan años en la marca, otros de fundadores que están armando todo desde cero. No hay un "brief ideal" — pero sí hay señales tempranas de que la conversación va a fluir.
Compartimos algunas observaciones, no para que se vuelvan checklist, sino porque a veces sirven para que el cliente sienta que vale la pena pausar 20 minutos antes de mandar el documento.
Lo que ayuda mucho al inicio.
Cuando el brief incluye un número concreto del negocio que se quiere mover — incluso si después se ajusta — el equipo se enfoca más rápido. No es lo mismo "queremos crecer" que "queremos pasar de X a Y en seis meses". Lo segundo permite calcular, descartar y proponer.
También ayuda mucho saber qué ya intentaron y qué pasó. No para evaluar al cliente, sino para no repetir caminos. Los aprendizajes previos suelen ser la materia prima más útil para diseñar lo que viene.
Y cuando hay claridad sobre qué NO se puede mover — presupuesto tope, canales vedados, plazos no negociables, restricciones de marca — el espacio de soluciones se vuelve más fértil, no más chico. Las restricciones honestas son una ventaja, no un límite.
Lo que solemos chequear con el cliente cuando algo todavía no está claro.
A veces el brief llega con foco en el canal ("queremos hacer una campaña de Meta") antes que en la pregunta de negocio. En esos casos, lo primero que hacemos es pausar y devolver la pregunta: ¿qué tiene que pasar para que esto haya valido la pena? La respuesta suele abrir el plan a opciones que ni el cliente ni nosotros habíamos pensado.
Otra cosa común: el brief incluye una hipótesis ("nos falta awareness") sin la evidencia que la respalda. No descartamos la hipótesis — pero antes de gastar contra ella, conversamos para entender de dónde viene. A veces es certera. A veces lo que parecía un problema de awareness era un problema de conversión, o al revés.
El primer encuentro suele ser de discovery, no de creatividad.
Cuando entramos a una cuenta nueva, la primera reunión casi siempre es para ordenar el panorama: revisar data, conversar con los equipos comerciales del cliente, mirar qué pasó en el último año. Sólo después pasamos a la fase creativa.
Esto a veces sorprende — el cliente quiere ver ideas la primera semana. Pero la experiencia nos enseñó que invertir tiempo en entender el problema al inicio acorta el camino después. Y, casi siempre, hace que las ideas que salgan sean más fuertes.
Lo que queremos decir con todo esto.
El brief no es una formalidad ni una barrera de entrada. Es la primera conversación. Cuanta más confianza haya en ese intercambio inicial — para preguntar, para corregirse, para decir "no sabemos todavía" — más probable es que el proyecto que sigue tenga sentido para todos.
Si estás por escribir uno, no te preocupes por que esté "completo". Preocupate por que sea honesto. El resto lo armamos juntos.